Erika de la Vega se ha ganado el corazón de millones gracias a un carisma inigualable. Pero, como muchas, la venezolana sigue tratando de encontrar el balance en su más grande rol, ser mamá de Matías, de 5 años. Acá la presentadora de Telemundo y la mente maestra detrás de Erika Tipo Web se confiesa, dejando entrever que es tan normal como tú y como yo.

Erika de la Vega

Soy aficionada de todo lo que tenga que ver con el mundo de la belleza. No me doy abasto con las cremas. Creo que la que no tengo es la que me va a mejorar la piel y siempre ando en la búsqueda de la crema perfecta… y bueno, ¡a veces se me va la mano! Lo que sí trato ahora es de comprar alguito para el contorno de ojos y cremas que tengan protector solar simplemente para empezar el día, para hacerme la vida un poquito más fácil. Eso sí, estoy pendiente de reaplicar el filtro solar porque claro, se habla tanto del tema que más vale prevenir que lamentar. En marcas, no le soy fiel a ninguna. Uso lo que venga, pero he repetido cremas de Bioderma y Natura Bissé, una línea española, que me encantan. De resto no me complico. Se me acabó, me gustó, la vuelvo a comprar. Si no me sirvió, pues ni la miro. ¿Mi confesión? ¡Soy consumidora a morir de muestras!

En las noches sí me enfoco en aplicar una crema humectante profunda. Me gusta mucho Kate Somerville que es una maravilla. Quizás sea la mente de uno pero yo creo, creo, que sí me funciona. Mi obsesión por las cremas empeora con el cuerpo. La crema de las rodillas, la de la celulitis, la de las uñas, la reafirmante… ¡Me tardo más después de bañarme que en la propia ducha!

En Venezuela no requería mucha “latonería y pintura” en cuanto al cabello. Es genético, tengo el pelo así porque la familia de mi abuelo era china. Nací con tres pelos parados. ¡Era una rutina rapidísima! Nada más me ponía champú y así salía a la calle. Pero sí, el cabello se resiente y ya no es el mismo. Nunca he utilizado acondicionador, sólo mascarillas. También me lo pinto desde los 17 años… porque esas benditas canas están empeñadas en seguir saliendo. Ahora le pongo más cuidado a mi cabello, aunque no voy a mentirte, extraño esa época donde me lo lavaba y ya.

Yo me cuido por todos lados. Hay que comer bien, hay que hacer ejercicios, hacerse masajes, echarse buenas cremas… si haces uno o lo otro, estás perdiendo el tiempo. No vas a lograr resultados. Conmigo es todo o nada, por eso me ves dándole el 100% a mi rutina, comiendo sano, para ver lo que sí funciona. Trato en lo posible de no descuidar los ejercicios. Cuando me ha tocado parar por trabajo, retomarlo es muy duro. El cuerpo te lo cobra. Empiezas la rutina y te duele el doble al día siguiente. Troto, hago Pilates, yoga, lo que sea para mantenerme activa. El cardiovascular es muy importante.

Deberían darnos el dato a todas las madres de como criar a un hijo. La maternidad es difícil. Cuando te conviertes en madre, te conviertes en tu enemiga porque te culpas por todo. No paras, disfrutas tus momentos pero siempre está la duda si lo hiciste bien o no, si lo regañaste muy fuerte o si eres demasiado suave. Siempre me estoy preguntando qué estoy haciendo mal. Y está la gran responsabilidad que si no lo haces tú, no va a hacerlo más nadie porque tú eres la mamá de ese muchachito. Creo que todo el ejemplo que puedas darle cuando es pequeño vale oro. Matías tiene cinco años y sé que mis acciones se irán reflejando cuando sea más grande. ¡Honestamente pensé que ser madre era más sencillo! Además, él es un niño muy inquieto, saca muchas conclusiones, siempre da un paso más allá y por eso hay que estar “mosca” con lo que digo, lo que hago. No hay una fórmula para criarlos de manera perfecta.

Soy una mamá gorila. Yo ahora hablo alto, regañado. ¡He perdido mi tono de voz suavecito! La maternidad me dio otro nivel de voz –risas- porque bueno, siempre estoy alerta, con ocho ojos, más que todo por la personalidad que tiene mi hijo. Pero lo disfruto mucho. A veces me sorprende los “cuentos” que me echa, las preguntas que me hace, sus comentarios… es como descubrirlo todos los días.

El cambio de mudarme a este país ha sido duro, incluso más para Matías porque no entendía lo que pasaba y eso lo expresó en su comportamiento. No escuchaba, no hacía caso, exteriorizó el cambio de una manera difícil, irritable… y claro que me afectó. Mudarse a un país distinto, con otra cultura, es un remolino que dura varios meses. Gracias a Dios yo conté con mi familia desde el primer momento que pisamos Miami.  Matías, a pesar de su corta edad, recuerda mucho su país, sus vivencias… no lo sufre pero sí lo añora.

Yo planeo darle un hermanito a Matías hoy y al día siguiente se me quitan las ganas. Un día sí y un día no. Todavía no he tomado una decisión. Me encantaría pero tener dos, ay, ¡qué miedo! Al menos a Matías ya le agarré el truco. Pero si pasa, no creo que eso interferiría con mi carrera. Vengo de un núcleo familiar donde el trabajo es parte de nuestro ser. Mi mamá nos tuvo a mí y a mi hermana y nunca dejó de trabajar. Tengo tanto que agradecer a nivel profesional que si el día de mañana quedo embarazada, haría como todas las mujeres, ¡malabarismo! Debo aprovechar cada oportunidad que se me presente, para eso estoy aquí.

Erika usa:

Entrevista realizada en Octubre de 2014. Fotos cortesía de Erika de la Vega/Uriel Santana

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