La colombiana Catherine Siachoque es mucho más que una villana de telenovela. En esta entrevista exclusiva celebrando el Mes de la Madres, Cathy nos abre las puertas de su corazón y cuenta, con detalles, quienes son y serán las reinas de su vida: su mamá y su suegra, Teresa Gutiérrez, actriz y madre de Miguel Varoni, a quien no deja de extrañar cada segundo.

Catherine Siachoque

La relación con mi mamá es inexplicable. Yo me considero total y absolutamente dependiente de ella. Soy la más “mamita”. Hablo con mami el día entero cuando no está conmigo. La llamo en la mañana, al mediodía, por la tarde, por la noche, ¡todo el día! La disfruto tanto… Somos cuatro hermanos –tres hombres y yo que soy la única niña—y pues te imaginas, soy la consentida de mi papá, de mis hermanos y sobre todo de mi mamá.

Tengo la bendición de que mi mamá y mi esposo, Miguel, se aman. Él es otro hijo para ella; uno más en la familia. Mami pasa la mitad del tiempo en Colombia, la otra mitad en Miami y ahora vino a México con nosotros ¡por petición de mi marido! Fíjate que permanentemente me toca decirles “¡a ver, un momento, la hija soy yo! Aquí la que estaba desde antes era yo. Él llegó a sus vidas gracias a mí”. Y claro, se matan de la risa… Es impresionante. Siempre le digo a mi marido, “yo te llego a hacer mal y me quedo sin familia”. Miguel es la adoración de mi mamá.

¡Mi mamá es una pila de consejos! Como pareja, ella ha sido mi ejemplo. Mis papás tienen un matrimonio de “cuarenta y pico” de años y si los ves ahora, parecen novios. Es como si se hubieran conocido hace tres meses. Mis hermanos y yo a veces les hacemos fotos sin que se den cuenta y escondidos se agarran de manos, se acarician… ¡Esas miradas! El consejo más sabio que me hado es nunca dormir los problemas con tu pareja. Si pelean, deben quedarse hasta las cinco de la mañana hasta que no se solucione. Si no se pueden acostar abrazados no se duerme.

Yo cierro los ojos y veo a mi mamá riéndose. Ella es muy chistosa, mami se burla de papá todo el tiempo. Sin embargo, la educación era muy importante para ella y para mi abuelita materna, que en paz descanse. Siempre me enseñaron que una persona educada tiene abierta todas las puertas. Yo soy, y no porque lo piense si no porque así me criaron, una mujer sumamente decente. Saludo, me despido, doy las gracias, como con la boca cerrada, no pongo los codos en la mesa… Todas esas cosas de los libros de urbanidad, yo soy un compilado. Como dirían en mi país, ¡se nota que tuvo mamá!

Pero yo tuve la ventaja de que mi suegra más bien parecía la suegra de Miguel. Conocerla fue una de las bendiciones más grandes que yo he tenido. Siempre se habla de los problemas con las suegras de lado y lado, que se meten en todo, que preguntan… Y eso, en vida, no existió. Al contrario. Yo creo que mi mayor fan era mi suegra, que en paz descanse. Fue como un amor a primera vista. Teníamos tantas cosas en común. Éramos parecidísimas en esencia. Hicimos clic de inmediato, desde el primer día hasta que murió.

La llamaba todos los días. Así estuviera en Colombia grabando, yo hablaba con ella a cada rato. Cuando no estaba trabajando, se venía a nuestra casa en Miami. De hecho todavía en su habitación, el “cuarto de Tere” como le decimos, están los libros que leyó antes de irse, que quedaron en la página que ella dejó, ropa, fotos… Todas sus cositas ahí siguen. Yo me la gocé tanto. Viajamos mucho, le cocinaba… Aprendí a hacer pasteles de naranja que eran sus favoritos.

Mi suegra me mostró el marido tan espectacular que tengo. Recuerdo que una vez mami me dijo, “mira como trata a la mamá y así va a ser de marido”. Yo creo que verlo a él con ella hizo que me enamorara aún más. ¿Sabes algo? ¡Yo soy la mayor heredera de Teresa Gutiérrez! Miguel fue lo más grande que me dejó. Le aprendí muchísimo. Como actriz, la seriedad que tuvo con su profesión, la puntualidad, la disciplina que tuvo hasta su último proyecto. La dedicación, la entrega. No tenía que decirme. Sólo con su ejemplo yo aprendía. Como persona, ella era una mujer muy directa y honesta, decía las cosas de frente. Tere me dio tanta felicidad. ¡Te juro que era como mi hija!

Yo me la pasaba planeando sorpresas y sorpresas para darle… Me inventaba viajes.  Uno de los momentos más lindos, que fueron millones por tantos años, fue cuando viajamos a Paris. Ya estaba mayor y me acuerdo que planee todo para que no tuviera que mover ni un dedo. Nunca le dije a dónde íbamos. Logré sacar su visa sin que ella supiera. Como ella fumaba, le pedí a Miguel que se quedaran afuera del aeropuerto a fumar mientras yo hacía el chequeo. ¡Ella juraba que el viaje era a NY!

Ya en el avión, la distraíamos pero siempre me preguntaba “oye, negra, ¿por qué hablan en francés? Me inventé un cuento. Le dije que las reglas cambiaron y daban los anuncios en inglés, en español y en francés. Hubo un momento donde ya teníamos que decirle y yo le hice una tarjeta pintándole los Campos Elíseos, la Torre Eiffel, en fin, y se la mandamos con el aeromozo. ¡Imagínate su emoción! Se puso a llorar, riéndose… Todo el mundo estaba con las lágrimas afuera al verla tan feliz. Paris era la ciudad que más quería conocer.

Me hace falta pasar navidad y fin de año con Tere. Era una época que siempre estábamos juntos, que así estuviera en una producción yo pedía permiso para que me la dejaran aunque sea una semana libre. Y pues ahora no tengo esa expectativa de sorprenderla. Yo me ponía esa meta y cada vez esa vara estaba más alta. No te miento, a veces cuando estoy sola, entran los recuerdos y me dan ganas de llorar… La extraño mucho. Así toca vivir la vida y creo que por eso aprovecho cada segundo a la gente que quiero. Yo vivo al día. Si tengo alguna discusión con mi familia, no puede durar más de una hora porque nadie tiene la vida contada. Debes vivir diciéndoles y demostrándoles a quienes quieres, que los amas.

Entrevista realizada en Abril de 2015. Fotos cortesía de Telemundo y Cathy Siachoque. Parte de nuestro especial de Mayo, “¡Mamá de Fiesta!”.

 

 

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